La grulla es un símbolo de paz y vida para el pueblo japonés. En un cuento se dice que si reunes mil grullas de papel y haces una plegaria a los dioses, te curas de cualquier enfermedad. Los desastres naturales son como enfermedades de la tierra, así que me gustaría conocer el noble arte del origami y poder hacer mil grullas de papel, para esa gente tan noble y que lo está pasando tan mal.

Cuando yo era muy muy pequeñita, estuve muy muy mala; durante meses no paraba de entrar y salir de hospitales, me sentía como se deben sentir los ratones de laboratorio con tanta aguja, pruebas, jaulas. Recuerdo cuando los médicos le dieron la mala noticia a mi madre, que había muy pocas posibilidades de que saliera de esa, ahí escuché por primera vez la palabra muerte, y empezé a preguntarme cómo sería (los médicos, tal vez, pensaban que una niña tan pequeña no iba a entender esas palabras, pero los niños no son tontos  – no todos – ni sordos). Sabía que algo malo pasaba, porque mi madre no hablaba durante el trayecto del hospital a casa, veía que aguantaba las ganas de llorar y no me soltaba la mano.  Que mi madre no hable es un mal presagio. Ese sentimiento me contagió, y yo también estaba muy triste, y sobre todo confundida.

Estábamos en el metro, en una esquina, y a nuestro lado había un señor, de la edad de mi madre más o menos (todos los adultos son iguales para los niños) recuerdo que llevaba traje claro y corbata y era muy elegante. Esa forma de vestir yo la asociaba con un tío mío que era algo así como un ogro para mí y desconfiaba de la gente con corbata. Los médicos también llevaban corbata. Este señor me sonreía, pero yo tenía cara de puchero y un tipo encorbatado no lo arreglaba. Empezó a arrugar su billete de metro (que antes era un trozo de papel rosa) y de repente le vi de rodillas, a mi lado, regalándome una grulla pequeñita de papel que había hecho con el billete.

Gracias, señor desconocido del metro, que hace 33 años devolvió la sonrisa a una niña pequeñita y a su madre que les faltaba el pelo de un calvo para ponerse a llorar. No hacen falta mil grullas, con una sola hecha de todo corazón los dioses escuchan las plegarias, y contra todo pronóstico, me curé.

Desde entonces siempre quise saber hacer grullas, pero no sé, así que pongo ésta y me imagino que la mando de un soplido para que los dioses curen a mi querido Japón.

Angelika.

 

La historia de las mil grullas está muy muy bien contada aquí:http://tejiendoelmundo.wordpress.com/2010/08/10/trilogia-sobre-hiroshima-iii-grullas-y-esperanza/#more-15239

Anuncios